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BATMAN: LA VIDA DEL HÉROE

El 6 de abril de un año indeterminado. Ese día, o más bien habría que decir esa noche, Gotham City vio por primera vez la sombra de un murciélago gigante. No había pasado siquiera un mes desde que ese mismo animal, un murciélago, entró por una ventana de la Mansión Wayne y se posó sobre el busto del doctor Wayne, delante de un Bruce Wayne herido y confuso que, en ese momento, ve claro el camino a seguir. Y sólo tres días después, la existencia de este nuevo personaje llega a manos del Departamento de Policía de Gotham City. Así nos relata Frank Miller los primeros pasos de Batman en ‘Año Uno’, editado en 1987, casi cinco décadas después de que Bob Kane creara un universo nuevo y diferente, un personaje destinado a entrar e la Historia más dorada del noveno arte. Así descubrimos quién es Batman. O quizá habría que decir qué es Batman. Porque Batman no es una persona. Es un héroe, un icono, una leyenda.

Lo que se sabe de Batman siempre depende de la época de la que estemos hablando, aunque la base es siempre la misma: es un vigilante que lucha contra el crimen en su ciudad, Gotham City, para evitar que otros sufran la misma tragedia que vivió él, el asesinato de sus padres cuando era sólo un niño. El Batman de los años 40, 50 y 60 era un Batman público, casi un funcionario más, un colaborador de la Policía de Gotham y un personaje que no rehuía las cámaras ni la publicidad. Ese Batman era un modelo social, de la misma forma que lo era (y es) Superman. Con los años 70, 80 y 90 volvió un Batman más oscuro, más misterioso y más desconocido para el público en general, como el de sus primeros días. Y con el nuevo siglo, Batman se convierte casi en una leyenda urbana. ¿Existe? Sólo quien le necesita y quien merece su castigo lo sabe en realidad.

Batman siempre ha parecido un solitario, pero nada más lejos de la realidad. Lo que siempre ha tenido en su cruzada ha sido precisamente compañía, casi desde el comienzo de su carrera. Robin llegó, para los lectores, en 1940, y dentro del universo en el que vive el personaje, en su tercer año de carrera (así se cuenta en la miniserie ‘Ano Tres’). Bruce Wayne acoge a Dick Grayson tras ver el pequeño acróbata circense el asesinato de sus padres durante una actuación. Parece que es el millonario filántropo quien está haciendo una buena acción, pero en realidad es Batman quien ha encontrado su primer gran ayudante. Robin había nacido y durante 70 años ha sido quien ha dado humanidad a Batman. Bruce Wayne tenía a Alfred, al propio Dick, a Vicky Vale, a Selina Kyle, a Talia. Pero Batman siempre tuvo a Robin.

Con la mayoría de edad de Dick, Batman se quedó sin Robin, pero por poco tiempo. Jasón Todd, un joven huérfano y problemático, trató de robar las ruedas del Batmóvil. Y fue descubierto por el dueño del emblemático vehículo Batman ve en él potencial para ser el segundo Chico Maravilla. Su carrera fue breve, puesto que fue asesinado por el Joker (en ‘Una muerte en la familia’). Batman atravesó entonces sus peores momentos. Su carácter se agrió más, sus luchas eran cada vez más descuidadas e irresponsables, la ira menguaba las habilidades del mejor detective del mundo. Hasta que apareció el tercer Robin, un joven llamado Tim Drake que había conseguido averiguar que Dick Grayson era Nightwing y fue Robin y, a partir de ahí, que Bruce Wayne se ocultaba tras la máscara de Batman. Eso le dio legitimidad para vestir el uniforme. Y a Batman el compañero que nunca perdió.

Aunque el playboy mujeriego es Bruce Wayne y aunque Batman sabe que quien esté cerca siempre vivirá en el filo de la navaja, el héroe también ha tenido sus romances, romances siempre relacionados con su actividad como vigilante. Quizá el gran amor de Batman sea Talia, la hija de Ra’s Al Ghul. De hecho, es el amor de la joven lo que lleva a Ra’s a probar las habilidades del Caballero Oscuro y decidir finalmente que es el único hombre digno de pedir su mano y heredar su imperio. Talia y Batman tienen un hijo, Damian, criado a la sombra de la Liga de Asesinos. Catwoman y Batman siempre desprendieron sexualidad y durante muchos años estuvieron cerca de ser algo más que enemigos o compañeros, hasta el punto de que en la Tierra-2 del Universo DC llegaron a casarse. ¿Batgirl? Sólo en algunas encarnaciones como la serie de animación de los años 90, ya que en el mundo del cómic la historia sentimental que protagoniza Barbara Gordon es con Dick Grayson.

Batman fue uno de los miembros fundadores de la Liga de la Justicia, que debutó en el número 28 de ‘The Brave and the Bold’, publicado en 1960. No se narraba ahí el origen del equipo, pero sí se anunciaba que “los grandes héroes de nuestro tiempo se unían para combatir a todos los enemigos de la humanidad”. Y Batman, claro, tenía que estar ahí. Con el paso del tiempo, y según iban alcanzando más seriedad las historias y profundidad los personajes, se vio que las relaciones del Caballero Oscuro con la Liga eran más o menos distantes. Batman era miembro de la Liga de la Justicia y allí estaba cuando su concurso era imprescindible, pero Gotham y sus asuntos propios tenían prioridad. Esa particular relación quedó plasmada a la perfección en la serie animada de ‘La Liga de la Justicia’ de los años 90.

Según iban creciendo los problemas de Batman con la Liga y el distanciamiento fue mayor, el Señor de la Noche optó por crear un nuevo grupo que siguiera con mayor fidelidad sus premisas, los Outsiders. El debut del grupo, curiosamente, se produjo en la misma colección, ‘The Brave and the Bold’, en su número 200. En él, y tras solucionar el caso que se les presenta, Gordon le pregunta a Batman si sus acompañantes son miembros de la Liga. “No, comisario, y tampoco lo soy yo. Ya no. Se... Nos hacemos llamar los Outsiders”, le responde el protector de Gotham. Su liderazgo del grupo duró 32 números de su propia colección mensual (‘Batman y los Outsiders’), aunque más adelanto hubo ocasiones en que se cruzaron de nuevo los caminos de Batman y de los Outsiders.

Con ser importantes estos lazos, con quien siempre ha mantenido Batman una relación especial es con Superman. Ambos son los dos primeros superhéroes del siglo XX, ambos son iconos del Universo DC y de la cultura norteamericana contemporánea. Y en la historia narrada en las viñetas, ambos son amigos. De una manera muy especial, pero amigos. Si no lo fueran, ¿habría confiado Superman a Batman un trozo de kryptonita como medio para destruirle en el caso de que perdiera el control algún día? Cuando un terremoto destruyó Gotham (en la saga ‘Cataclismo’), Superman apareció para echar una mano al Caballero Oscuro, cuando el Hombre de Acero se casó fue Batman quien hizo gestiones con la Liga de la Justicia para que Metrópolis estuviera bien vigilada en su ausencia. Y así siempre. A pesar de ser tan distintos como la noche y el día, hoy cuentan con una colección conjunta, heredera de ‘World’s finest’ (¿hay mejor título para esa colección que ‘Los mejores del mundo’?), que se editó entre 1941 y 1986.

Los lectores saben sobradamente que Batman es Bruce Wayne. Pero no siempre ha sido él el hombre bajo la capucha. Quizá el cambio más radical en la vida del protector de Gotham se produjo cuando Wayne tuvo que renunciar al manto del murciélago. Bane le había destrozado la espalda (en la saga ‘Knightfall’), pero Batman debía seguir adelante para evitar que Gotham quedara sumida en el caos. El elegido fue Jean Paul Valley, conocido como Azrael, un joven físicamente preparado para el papel pero con serios problemas psicológicos que le incapacitaban para recoger el pesado legado del mejor detective del mundo. Y esos problemas llevaron a Jean Paul a quebrar la norma más importante que rige la existencia de Batman: el carácter sagrado de la vida humana. Azrael, con una nueva armadura, dejó morir a un villano, Matadero, sin mover un dedo. Tras conocer estos hechos, Bruce Wayne reclamó de nuevo el manto del murciélago, derrotó a su confundido pupilo y se marchó de forma temporal de Gotham, dejando un nuevo heredero para proteger su ciudad.

Esta vez sí, Dick Grayson se convirtió en Batman, el paso natural y para el que había sido adiestrado años atrás. El suyo fue un Batman más dialogante que el de Bruce Wayne, más humano, menos poderoso, pero igualmente noble. De tal palo, tal astilla. El relevo en el manto del murciélago y, sobre todo, la etapa de Jean Paul como Batman provocó la mayor quiebra en la relación entre el Señor de la Noche y el mejor amigo que jamás ha tenido: Jim Gordon (el nacimiento de esa amistad se vio en ‘Año Uno’). Para el comisario de Gotham pronto se hizo obvio que era otro hombre el que vestía el disfraz, y se sintió dolido por la falta de confianza que demostró el auténtico Batman en él. Bruce Wayne tuvo que recomponer esa relación cuando regresó a su carrera como vigilante. Y lo logró. Porque una amistad como esa, por muchos altibajos que tenga, no es fácil de romper.

Tras retirarse Gordon, la relación de Batman con la Policía de Gotham no fue tan fluida, y llegó a su momento más oscuro con el sustituto de Gortdon, el comisario Akins, que incluso llegó a destruir la Batseñal. Los agentes de la Ley perdieron toda la confianza en Batman tras los hechos narrados en la saga ‘Juegos de guerra’. “El murciélago nos ha vendido bien esta vez. Ha puesto en peligro nuestras vidas y la de todo buen ciudadano de Gotham. Así que desde ahora se acabaron las balas de goma. Si veis a alguien con máscara, disparad a matar”, proclama Akins. El regreso de Gordon a la Comisaría de Policía, como se ve ‘Un año después’, devuelve la Batseñal a su azotea. Batman vuelve a ser aliado de la Ley. “Me alegro de que hayas vuelto”, le dice Gordon. “Yo podría decir lo mismo”, le responde Batman. La amistad sigue tan intensa como el primer día.

Casi desde el principio de su carrera, Batman tuvo otro aliado en el entramado legal de Gotham: Harvey Dent, el fiscal del distrito. Ese pasado como amigos es lo que da una dimensión aún más trágica a uno de los villanos esenciales de Batman, Dos Caras. ‘El largo Halloween’ detalla esa relación, sobre el nacimiento de una esperanza para Gotham (la unión de Gordon, Dent y Batman para acabar con el reino criminal de Carmine Falcone) y su progresiva caída, la de la personalidad de Harvey Dent en la de Dos Caras. “¿Valió la pena?”, se llega a preguntar Batman ante Gordon tras detener por primera vez al villano. Miles de cómics han explorado esa dramática relación entre el héroe y su enemigo. La película ‘El Caballero Oscuro’ también la exploró con enorme interés.

Aunque las sombras son el hábitat natural del protector de Gotham, quienes le han visto siempre han contemplado un aspecto similar. El traje de Batman ha permanecido más o menos inalterable durante sus 70 años de vida: de color gris, con capucha, capa, botas y guantes azules (la tonalidad de ese azul fue aclarándose desde el negro inicial), un cinturón amarillo y un murciélago de color negro como símbolo en el pecho. Ya en sus primeros años de vida, los guantes incorporaron los pinchos característicos. No hubo grandes cambios hasta los años 60. El ‘new look’ del personaje, además de un tono diferente y mucho más ligero en las historias, incorporó un óvalo amarillo en torno al murciélago del pecho. El uniforme siempre había sido de tela, pero a partir de los años 80 fue incorporando mayor protección. Un signo de que los tiempos iban cambiando y los criminales, y no sólo los supervillanos, incorporaban tecnología cada vez más avanzada a sus arsenales.

Para encontrar un cambio radical en el traje de Batman hay que llegar a los años 90, a la sustitución de Bruce Wayne por Jean Paul Valley. El ‘sistema’ que la Orden de San Dumás le inculcó para convertirse en el ángel vengador Azrael le llevó a descartar el viejo uniforme de Batman y crear una armadura de combate que pasó por tres estadios diferentes en muy poco tiempo. Los guantes se convirtieron en garras, la capucha en un casco y el material antibalas en una protección más poderosa. El regreso de Wayne transformó también el traje, volviendo a la forma originaria pero pasando a ser totalmente negro, con el óvalo amarillo en torno al murciélago. Pero poco después recuperó sus colores tradicionales, aunque con tonalidades oscuras, por lo que también desapareció el amarillo.

Si Bruce Wayne desarrolla su actividad en la Mansión Wayne, Batman trabaja bajo la vivienda, en la Batcueva. Allí reúne todo el equipamiento necesario para luchar contra el crimen, desde su ordenados a un completo laboratorio, pasando por todos los vehículos que ha utilizado (fundamentalmente el Batmóvil). Wayne descubrió la cueva bajo la Mansión cuando apenas tenía cuatro años, al caer por un pozo en los terrenos de la familia. Su padre le ayudó a salir de la cueva, que estaba repleta de murciélagos. Cuando encauzó su vida a la lucha contra el crimen, Bruce recordó la existencia de la cueva y decidió, con la ayuda de Alfred, convertirla en su cuartel general. En la Batcueva hay también una zona dedicada a trofeos y recuerdos que ilustran a la perfección la carrera de Batman. Junto a ellos está siempre el traje del segundo Robin.

Quizá algunos piensen que la vida de Batman se podría resumir en sus enfrentamientos con el Joker, Ra’s Al Ghul, el Pingüino, el Acertijo, Hiedra Venenosa, Bane o Silencio. En sus luchas contra las mafias de Gotham. En la plasmación de una promesa hecha por un niño a sus padres asesinados. Y quizá sea así. Pero la vida de Batman ha dado ya para 70 años de historias, decenas de colecciones y miniseries diferentes y multitud de adaptaciones televisivas y cinematográficas. Y es que parece imposible resumir la vida de Batman en unas pocas líneas, más allá de unos trazos básicos que despierten la curiosidad de los lectores por conocer más sobre una leyenda universal y, sobre todo, inmortal.

Juan Rodríguez Millán
 
   
 
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